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Autor Tema: Fui promulgadora  (Leído 452 veces)
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Libertad
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« en: 25 de Septiembre de 2009, 11:41:08 »



Si tambien yo, cai en ese grupo.

Siempre vivi mi fe católica, pero cuando estaba pasando por un mal momento, llegaron ellos a mi vida, me hablaron de la Virgen María, de la búsqueda de la santidad.  En verdad que considere que era un buen apostolado: promover el rezo del santo rosario.  Camine poco tiempo, cuando de pronto me invitaron a dar un paso hacia adelante, era tiempo de "promesar".

En ese tiempo, no vi nada fuera de lo normal.  Aparentemente todo estaba normal, sin embargo de pronto empecé a perder la paz y me esforzaba por ser mejor, comulgaba y asistía a misa; pero, como tener paz, si los líderes humillan a los demás y entre ellos se justifican sus desplantes y su soberbia en el trato a los demás. 

Incluso, en la casa de las hermanas, en muchas ocasiones me tocó ver como "todas" las hermanas humillan a una hermana en particular, la hacen dormir en condiciones infrahumanas, la acusan de situaciones que ellas mismas padecen.

Les comento, una tal hermana Margarita, es desordenada acumula demasiadas cosas, pero como forma parte del "consejo", en ella no importa aquello de los apegos que debe evitar.  pues ella acusaba constantemente a una de sus hijas espirituales de ser una desordenada, tener apegos en exceso.  Y no le importaba que su hija espiritual la trataran de mala manera, la mandaban a dormir en una habitación donde se sufría el frío, sin cama y además no podía hacerlo hasta que el resto de las hermanas se iban a dormir.  Y como es de esperar, durante el día el cansancio la vencía entonces era nuevamente humillada por floja y desordenada.  Si esto es caridad y vivir la santidad, como será si no la viven.

Y quiero decirles, a todos esos líderes de la secta, como es posible que hagan que algunos promulgadores se pongan ese letrero diciendo que son "soberbios", no podría imaginar a nuestro amado Jesús haciendo que uno de sus discipulos portara un cartel tan humillante. 

Así que después de dos años dejé el grupo, por gracia y voluntad de Dios.  Sin embargo, cuando esto sucedió me di cuenta del gran daño que me habían hecho.  Me enfrente con muchos fantasmas, me sentía culpable, sentía que me condenaba.  en mi cabeza resonaban tantas frases dichas por ellos´, pero Dios se encargo de darme muchas muestras de su Voluntad.  Finalmente, he recuperado mi paz interior y soy feliz sirviendo a mi buen Dios.

No quisiera terminar este mensaje sin mencionar que la principal razón para alejarme definitivamente de esa secta, fue que cuando quería estar ante el Santísimo, me invadía la desesperación y la desesperanza. 

Jesús Eucaristía, mi refugio y mi amor, gracias por sanar mi corazón.

 :) Finalmente, hoy tengo PAZ INTERIOR.

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HENOC
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« Respuesta #1 en: 27 de Septiembre de 2009, 12:19:40 »



Hola a todos Hermanos:

Creo que aunque fueron años los que invertimos en la secta MVP podemos salir adelante apesar del daño psicológico, familiar, social, económico que a cada uno nos provocaron... es tan claro ahora, solo hay 2 sentimientos que nos advierten si esto era de Dios o no, "me siento bien" o "me siento mal"....si revisamos bien desde el principio no se siente bien cuando uno llegaba como invitado a las actividades solo nuestras necesidades afectivas de ese momento nos hicieron creer lo que queriamos creer: UN NUEVO CAMINO QUE DARIA SENTIDO A NUESTRA VIDA.
Pero desde el principio se nota que algo anda mal, y ahora que revisamos podemos decirnos: PERO COMO NO VI SI TODO ERA TAN CLARO?...
Asi es hermanos, Jesús lo dijo claro, un buen árbol por sus frutos se conoce.... pero en el momento nos deslumbro "EL PLAN DIVINO" que ellos llaman... "QUIERES POSTRE TENDRAS QUE HACER LO QUE TE DIGA"...
Voy a explicar con un dicho:"NO PERDONAS A LOS DEMAS, LO QUE TU SI TE PERDONAS"... este dicho es tan sabio!... lo que criticamos en los demás es lo que nosotros no podemos hacer y por eso lo atacamos... todos esos lideres que tomaban decisiones viceralmente, era el refejlo de lo que ellos no podian vivir... en mi "comunidad pocera" los líderes que menos perdonaban una falta de castidad, fueron los que en su momento siendo promulgadores llevaron su noviazgo con muchas faltas precisamente de castidad...."EL LEON CREE QUE TODOS SON DE SU CONDICION"...
En fin hermanos, los invito a no atorarnos en nuestro proceso de sanación, si recordamos el pasado que sea para aclararlo, perdonar y cerrarlo... claro que se siga denunciando para que otros inocentes no caigan, pero que nuestro interior ya no cargue con el costal de papas del resentemiento y el dolor, son papas que se irán pudriendo, hay que soltarlo... los que quedan en la secta pronto no tendrán fuerzas porque su proceder no se basa en el AMOR DIVINO, y eso es como autoinyectase veneno... "el que tengo oidos que escuche".

Dios nos bendice siempre. Y la verdad nos hace libre...

Henoc

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HENOC
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« Respuesta #2 en: 29 de Septiembre de 2009, 04:02:10 »



"La Sabiduría es conocer el camino a tomar, la Integridad es tomarlo."

M.H. McKee

EDITORIAL

Se puede vivir en el mundo sin pertenecer a él, como lo hacen los Maestros, o se puede vivir en el mundo perteneciendo a él, como lo hacen los prisioneros. Toda forma de dependencia es una forma de prisión. Dependemos del dinero, dependemos de la aprobación de otros afectiva, sexual, social, religiosa o laboralmente, dependemos del cumplimiento del libreto educativo, etc.

Y todo esto es así porque estamos desconectados de aquello que realmente define lo que somos, aquello que realmente nos da valor.

Cuando se camina por el sendero del autoconocimiento de manera consciente, es decir con la claridad de que estamos buscándonos a nosotros mismos, poco a poco van apareciendo elementos que nos acercan a aquello que realmente nos define y que está en nuestro corazón. No hay que buscar afuera en el mundo, pues el valor ya está dentro nuestro, solo hay que hallarlo.

En ese momento, las dependencias a objetos externos mermarán hasta desaparecer, y podremos vivir en el mundo libremente, sin pertenecer a él.


LA DEPENDENCIA NO ES FELICIDAD
EL SENTIDO DE SENTIR, por Dra. María Antonieta Solórzano
Publicado originalmente en El Espectador-Mexico


Caminamos por la vida deseosos de encontrar en algún lugar, en alguna persona, en alguna situación, ese tesoro que nos hará felices, ricos, amados, tranquilos. En ocasiones, el deseo se transforma en desesperación. Nada alcanza a ser como lo que necesitamos. Más parece que corriéramos ansiosos detrás de algo desconocido para que la vida tenga sentido, para alcanzarlo antes morir.


En esa carrera loca y en esa búsqueda incesante se nos va la existencia. Buscamos experiencias, relaciones y hasta sustancias que nos prometen el paraíso, la calma, la lucidez.

No es raro oír a alguien afirmar que “cuando estoy con Pedro o María me siento seguro; en cambio, con Juan o Marta me da un ataque de miedo y me siento mal”. O que “solamente cuando logre tener éxito, dinero y amor, podré ser feliz”.

El patrón común de todas estas experiencias no es otra cosa que la dependencia, y, por extraño que parezca, en esas circunstancias la vida resulta emocionante.

Con frecuencia, en la consulta me encuentro con alguien que, por fin, ha logrado salir de una relación profundamente conflictiva, que lo hacía vivir entre las dichas inmensas y los dolores casi insuperables. Dice que ahora está tranquilo por un lado pero, por otro, siente como que su camino ya no tuviera sentido.

Y es que las relaciones dependientes como las adicciones, son emocionantes y peligrosas. Se vive en el riesgo y muchos de nosotros nos sentimos alertas en el peligro y aburridos en los espacios seguros.

Nuestros patrones culturales llenan nuestra vida cotidiana con un alto nivel de exigencias que nosotros vamos aceptando sin notarlo, y aún más, considerando que es un modo de vida normal. Permanentemente resuenan en nuestro interior sentencias como: ‘no eres suficientemente delgada como para que te amen’; ‘no eres suficientemente rico como para que te valoren’; ‘no eres suficientemente inteligente como para que la maestra te apruebe’; ‘no te esfuerzas suficiente’; ‘no eres lo suficientemente valiente’. Y así podríamos continuar hasta el infinito citando frases que resuenan en nuestra mente y que nos enajenan conduciéndonos a una vida dependiente. Pensamos que el amor, la aprobación, la admiración es algo que otro nos va otorgar cuando hagamos meritos frente él y probemos que somos exitosos. La vida se vuelve tan emocionante como una carrera, una competencia, en la siempre estamos a punto de perder o ganar.

Recuerdo en la consulta a un muchacho joven, enamorado y celoso, que tenía planes muy importantes acerca de su futuro. Era inteligente, culto, atractivo y no entendía porqué estaba adicto a una sustancia, si en su opinión su vida era perfecta.

Él, como muchas personas exitosas, no notan que son dependientes. Creen por el contrario que son autónomas. Solo tuve que preguntarle si él amaba las cualidades que el mismo relataba, y mas aún, que se si se amaba a sí mismo, para que se desangrara en lágrimas. Y aunque su corazón me mostró su dolor profundo y su vacío interno, su mente lógica replicó: “No entiendo bien, como así: ¿Que si me amo a mí mismo? No sé cómo hacer eso.”

Él, como muchas personas enamoradas, tampoco notaba la distancia que hay entre amar y depender. Los celos son una señal de la necesidad de controlar o de poseer al otro. Hablan más de la inseguridad de ser amados que de la capacidad de amar.

Qué conmovedor es compartir ese momento en que alguien entiende que se no se ama a sí mismo, que ha estado viviendo para que otros lo aprueben y tal vez, después lo amen.

La vida perfecta, en la que se cumplen todas las expectativas de éxito personal, social o económico que la cultura propone sobre nosotros, nos hace olvidar quienes somos esencialmente, que es lo que queremos. Pero, sobre todo, nos impide hacer nuestra primera tarea: amarnos a nosotros mismos; nos convierte en símbolos de prestigio. Al buscar la meta predilecta del éxito, que es ser lo que otros quieren que seamos, nos lleva a perdemos de nosotros mismos.

“La vida perfecta” abona el camino para las adiciones, pues el sueño de encontrar en alguna situación ese tesoro que nos hará felices es compartido. El deseo que se transforma en desesperación, en donde nada parece ser lo que necesitamos, la carrera ansiosa detrás de algo que no tenemos para que la vida tenga sentido, para alcanzarlo antes morir, se convierte en el pan diario de los exitosos perfectos y de los adictos.

Qué maravilloso es encontrar personas que son inmensamente felices con su vida, y qué curioso comprobar que no necesitan de esas fórmulas convencionales del éxito.

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